Monición
de entrada:
Buenas noches (días) hermanos en Cristo
resucitado. Hoy en las lecturas bíblicas se concluye una
idea básica: la Comunidad cristiana como signo de Cristo
resucitado. La Iglesia que surge de la Resurrección del
Señor y nace del bautismo en el Espíritu es comunidad que
vive unida en el amor y atestigua con su vida la victoria de
la fe sobre el mal del mundo. Empecemos esta celebración
con mucho entusiasmo, cantando con alegría, de pie, por
favor.
Primera
lectura: Hc 4, 32-35 (Vivían todos unidos y lo tenían todo
en común)
La primera lectura nos da una descripción
de la primera comunidad cristiana. Ellos dieron testimonio
de la resurrección y vivieron juntos en comunidad. Todos
pensaban y sentían lo mismo. Escuchemos atentamente.
Segunda
lectura: I Jn 5, 1-6 (Dios nos ha hecho renacer a una
esperanza viva)
En esta primera carta de San Juan, el
apóstol nos dice que creer en Cristo es: ser hijo de Dios,
amar a Dios, vencer al mundo y obedecer los mandamientos.
Es el Espíritu quien garantiza la verdad y la eficacia
salvadora de la fe.
Tercera
lectura: Jn 20, 19-31 (A los ocho días llegó Jesús de nuevo)
En la aparición
a los discípulos, Cristo les da su paz y también los envía a
continuar su misión. La segunda escena es la visita de
Cristo a Tomás y la confesión de fe de éste. En preparación
para escuchar esta Buena Nueva, nos ponemos de pie y
cantamos jubilosamente el Aleluya.
Oración
universal:
A cada invocación oremos diciendo: Por
la Resurrección de tu Hijo, escúchanos Padre.
1.
Por todo el pueblo
cristiano, convocado en el día del Señor, Pascua de la
semana: para que manifieste la presencia de Cristo
resucitado con la alegría de vivir en un mismo lugar y con
el mismo corazón. Roguemos al Señor.
2.
Por nuestra comunidad: para que crezca, junto a los
recién bautizados, como una verdadera familia de Dios,
asidua en la escucha de la Palabra, perseverante en la
oración, testigo en la caridad fraterna. Roguemos al Señor.
3.
Por todos los que viven la experiencia del dolor:
para que no se dejen vencer por el desánimo, sino que, por
la fuerza de la fe y la solidaridad de los hermanos, sientan
que el Señor está cerca de cada uno de ellos. Roguemos al
Señor.
4.
Por el cristiano que duda, por el incrédulo que
quisiera creer y por todos los que buscan con amor la
verdad: para que, iluminados por la gracia pascual,
reconozcan que no hay otro, fuera de Cristo que pueda
salvarnos. Roguemos al Señor.
5.
Por todos los aquí presentes: para que nos dejemos
evangelizar con un corazón dócil y seamos resonancia viva de
la Palabra que nos salva. Roguemos al Señor.
Exhortación
final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España,
1993, p. 278)
Señor Jesús,
aunque no te vemos con estos ojos de carne,
nuestra ardiente
profesión de fe es hoy la del apóstol Tomás,
primeramente
incrédulo y después creyente ejemplar:
¡Creemos en ti,
Señor nuestro y Dios nuestro!
Vamos buscando
razones, pruebas y seguridad absoluta
para creer y
aceptar a Dios en nuestra vida personal y social.
Pero tú nos
dices: ¡Dichosos los que crean sin haber visto!
Tú eres, Señor,
la razón de nuestra fe, esperanza y amor.
Ábrenos, Señor
Jesús, a los demás, a sus penas y alegrías,
porque cuando
amamos y compartimos, estamos testimoniando
tu resurrección en un mundo nuevo de amor y fraternidad.
Amén.