Exhortación final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España,
1993, p. 255)
Te bendecimos, Padre, porque Cristo en su
transfiguración,
después de haber anunciado a sus discípulos su pasión y
muerte,
les mostró en el monte santo el resplandor de su
divinidad,
como un anticipo y testimonio del camino de la
resurrección.
Al revelar en sí mismo la gloria futura, fortalece
nuestra fe
ante el escándalo de la cruz y alienta nuestra esperanza.
Concédenos, Señor, ir a tu encuentro en la montaña,
dejar nuestras sendas trilladas, escuchar a Jesús, tu
palabra,
y caminar con él hacia ti en la llanura cotidiana de la
vida;
porque, siguiéndolo, la renuncia es libertad de espíritu
y la muerte es vida que anticipa la resurrección. Amén.