Monición
de entrada
Hermanos en Cristo . la alegría penetra la liturgia de este tercer
domingo de Adviento. Nos acercamos a la Navidad y esta cercanía nos
lleva a meditar más profundamente en la venida final de Cristo. Estamos
alegres y agradecidos porque se nos ha dado el Espíritu, se ha predicado
la Buena Nueva y se nos asegura la salvación. Nosotros también al igual
que Juan Bautista, hemos sido llamados a predicar el camino del Señor; a
preparar nuestros corazones para su llegada en esta liturgia y todas las
veces que diariamente viene a nuestra vida. Empecemos esta Eucaristía
cantando con alegría y esperanza la canción:
_______________________________.
Primera lectura: Is 61,
1-2; 10-11 (Desbordo de gozo con el Señor)
El
profeta Isaías, lleno del poder del Espíritu Santo, es enviado a
predicar la Buena Nueva a los pobres. Las opresiones terminan, el
consuelo inunda los corazones angustiados, comienza una etapa de perdón,
de salvación y alegría en el Señor. Escuchemos el profeta Isaías.
Segunda lectura: I Tes 5,
16-24 (Estén siempre alegres, y no apaguen el Espíritu)
Escribiendo a sus colaboradores en Tesalónica y también a nosotros, el
Apóstol Pablo nos anima a la alegría, a la oración y a la acción de
gracias. Nos exhorta también a ser irreprochables en todo momento hasta
la última venida del Señor.
Tercera lectura: Jn 1,
6-8. 19-28 (En medio de ustedes hay uno que no conocen)
El
texto de hoy es un buen ejemplo de lo que significa ser testigo. Juan
Bautista es el hombre que ha sido enviado por Dios a dar testimonio de
la luz. Juan, como testigo, orienta toda su vida y actividad a
descubrir al otro, a la luz, a prepararle el camino, a llevarle a la
humanidad hacia Cristo. Nos ponemos de pie, para entonar el Aleluya,
antes de escuchar es mensaje de sencillez y de testimonio.
Oración universal
1.
Por la Iglesia para que el Señor con su visita le conceda la
unidad y libertad y la gobierne con su asistencia. Roguemos al Señor.
2.
Por Iglesia, para que sea fiel a la tarea encomendada por el
Señor, de evangelizar especialmente a los pobres. Roguemos al Señor.
3.
Por nuestras familias para que crezcan en paciencia, comprensión,
diálogo y amor. Roguemos al Señor.
4.
Por los difuntos, especialmente los de nuestra familia y
parroquia para que Dios los reciba en su reino de Luz y de Paz.
Roguemos al Señor.
5.
Por todos nosotros los que participamos de esta Eucaristía, para
que nuestra vida se un gran testimonio de la presencia de Cristo entre
nosotros. Roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España,
1993, p. 224)
En este tercer
domingo de adviento queremos, Señor,
practicar las
consignas que nos da tu apóstol Pablo:
Estén siempre alegres
y no dejen morir en sus manos
las ascuas
incandescentes del Espíritu de Cristo,
que es alma y fuego,
luz y amor, llama y vida, gozo y paz.
Gracias, Señor Jesús.
Hoy tenemos motivos de alegría:
Tú estás viniendo, ya
llegas, ya estás en medio de nosotros.
Con el Bautista
podemos decir: mi alegría está colmada;
es preciso que Cristo
crezca y que nosotros disminuyamos.
Haznos testigos tuyos
entre nuestros hermanos los hombres
para que no seas tú
el desconocido de nuestro mundo.
Amén.