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Misioneros Redentoristas
de la Provincia de San Juan
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Tiempo
de Pascua |
Ciclo A |
VI Domingo |
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Autor:
Domingo Vásquez Morales
Fuente:
http://www.scalando.com |
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-1ra lect.: Hch
8, 5-8. 14-17
-Sal.
65
-2da lect.: 1P
3,
15-18
-Evangelio:
Jn
14, 15-21 |
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Monición de entrada:
Muy buenos (noches, días, tardes):
queridos hermanos, sean todos bienvenidos
a esta, nuestra comunidad, a ese encuentro de los convocados por el
Señor. Hoy veremos cómo la Iglesia naciente se va expandiendo,
porque el diácono Felipe bajó a la ciudad de Samaria y les predicaba
a Cristo. Predicaba a Cristo crucificado, porque esta era la
predicación de los apóstoles, la cual repetían una y otra vez:
“Aquel Jesús a quien ustedes mataron, Dios lo ha resucitado y
nosotros somos testigos”. También nosotros, al igual que Felipe
estamos llamados a predicar a Cristo resucitado.
Primera lectura: Hechos 8, 5-8. 14-17 (Les imponían las manos y recibían
el Espíritu)
Esta
lectura es de capital importancia para nosotros, porque nos trae el
testimonio de los dos primeros sacramentos de la iniciación cristiana:
el bautismo y la confirmación. El diácono Felipe evangeliza y bautiza;
Pedro y Juan los confirman con la efusión del Espíritu, mediante la
imposición de manos.
Segunda lectura: I Pedro 3,15-18 (Cristo murió, pero volvió a la vida
por el Espíritu)
La
resurrección es de ayer y es de hoy para hoy. Eso parece ser lo que san
Pedro nos quiere decir en su primera carta, de donde está tomada la
segunda lectura de hoy, cuando nos pide que glorifiquemos en nuestros
corazones a Cristo Señor y que estemos siempre dispuestos para dar razón
de nuestra esperanza.
Tercera lectura: Juan 14,15-21 (Yo le pediré al Padre que les dé otro
defensor)
En el
texto evangélico de este sexto Domingo de Pascua, hay dos situaciones
que forman parte del don pascual. Primero, el envío del Espíritu Santo,
como don de Cristo y del Padre; y segundo, el retorno de Jesús, quien
nos enviará el Espíritu Santo prometido. Será la presencia del mismo
Jesús entre nosotros, después de su retorno al Padre.
Oración universal
A cada invocación, respondan, por favor:
“Ilumínanos, Señor, con la claridad de tu Cristo”
-
Para que el Espíritu Santo, el Espíritu de la
verdad, promueva en la Iglesia y en nuestra parroquia comunidades
deseosas de profundizar en la fe, roguemos al Señor.
-
En algunos lugares los cristianos sufren
persecución y difamación, para que el Espíritu Santo, el Defensor, los
fortalezca en la prueba, cuando tengan que dar razón de su esperanza,
roguemos al Señor.
-
Para que el Espíritu Santo, el Espíritu de la
unidad, promueva en el mundo el sentido de la solidaridad, roguemos
al Señor.
-
Para que el Espíritu Santo, que recibimos en la
confirmación, permanezca con nosotros y nos haga profetas de Cristo
con la palabra y el testimonio de vida, roguemos al Señor.
-
Para que surjan entre nosotros y en todo el mundo
las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida religiosa,
roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 941)
Hoy
nos alegramos, Padre, con el gozo del Espíritu
que
resucitó a tu Hijo Jesús de la muerte y del sepulcro.
Cristo
murió víctima de la injusticia, pero tú has rubricado
la
autenticidad de su vida y persona, conducta y doctrina.
Has
revisado su proceso y por el Espíritu lo has rehabilitado,
dándole el nombre más excelso y constituyéndolo Señor de todo.
Su
resurrección fundamenta la esperanza de la nuestra.
Por
eso podemos repetir con el salmista a boca llena:
Yo no
he de morir, yo viviré para contar las hazañas del Señor.
Ayúdanos, Señor, a mantenernos siempre fieles a tu voluntad
y prontos para dar a todos razón de nuestra esperanza.Amén.
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