Monición de entrada:
Buenos
días (tardes, noches). El Señor trae para nosotros un mensaje que nos
confronta con nuestra forma de ser. Te invita a un diálogo y a la
acción. Son muchas las ocasiones en que contestaremos sin meditar en lo
que decimos y la conciencia nos lleva a la conversión para actuar
conforme al llamado de Dios y en armonía con las enseñanzas de Cristo.
Te invito a que tu palabra y tu acción vayan de la mano para agradar más
a Dios.
Primera Lectura: Ezequiel 18, 25-28 (Si el malvado se convierte, salvará
su vida)
El
profeta Ezequiel dice a cada uno de nosotros que la salvación es un
trabajo continuo.
Invita
al justo a seguir siendo justo y al pecador a que se convierta. El
Señor te juzgará de acuerdo a tus acciones al momento de rendir
cuentas. Siempre hay tiempo para mejorar y cambiar nuestra forma de
vida.
Segunda Lectura: Filipenses 2, 1-11 (Manténganse unánimes y concordes)
San
Pablo nos continúa evangelizando hoy como lo hizo con la comunidad de
Filipos, hace aproximadamente 2000 años. Sus señalamientos, tienen
vigencia absoluta y son un reto que nos hace para ser mejores
cristianos. Nos exhorta a tener los mismos sentimientos de Cristo y
dice que nuestra recompensa será grande.
Tercera Lectura: Mateo 21, 28-32 (Parábolas de los hijos enviados a la
viña)
San
Mateo nos dice que es más importante el hacer que el decir. Lo ideal es
que la palabra sea acompañada de la acción, lamentablemente, no es así,
porque hemos aprendido a vivir de las apariencias y ante la invitación
de Cristo a creer en Él, decimos si, pero no actuamos conforme a lo que
nos dice el Evangelio. Podemos engañar a algunos, pero no al Señor que
lo conoce todo.
Sabe
si tu palabra va de la mano de la acción.
Oración universal
A cada
petición contestaremos: Señor, no me apartes de tu camino.
Por la
Iglesia, el Papa, los obispos, sacerdotes y laicos comprometidos, para
que utilicen todos los medios de comunicación para que la Buena Nueva
llegue a todos los rincones de este mundo. Roguemos…
Por
los gobernantes del mundo, especialmente los de los países pobres, para
que se identifiquen con sus pueblos y luchen con ellos por una vida
mejor en Cristo. Roguemos…
Por
los marginados de nuestra sociedad, para que veamos en ellos a nuestros
hermanos y los ayudemos tanto de palabra como en la acción. Roguemos…
Por
esta comunidad, para que recibamos al recién llegado y le brindemos
nuestra hospitalidad ayudándolos a sentirse como parte nuestra.
Roguemos..
Por
los misioneros de la Iglesia, para que con la ayuda de todos lleven el
mensaje de amor, esperanza y fe en nuestro Señor Jesucristo. Roguemos…
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La
Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 186)
Te
damos gracias, Padre, por que nos llamas a vivir
en
comunión eclesial con los hermanos y nuestros pastores,
y nos
invitas a aportar calor fraterno a la convivencia
y
nuestra colaboración al servicio común del Evangelio.
Queremos vivir unidos como hermanos en Cristo Jesús.
Tú que
eres más fuerte que nuestras divisiones,
perdona nuestro desamor, recelos y desconfianzas mutuas.
Concédenos, Señor, asumir nuestra propia responsabilidad,
en la
edificación interna de la comunidad cristiana.
y en
la difusión de tu Reino entre nuestros hermanos los hombres,
bajo el impulso de Cristo resucitado. Amén.