Monición de entrada:
Buenos
días, tardes, noches.
Nos reunimos en el nombre
del Señor un domingo más para celebrar la Eucaristía; Nos reunimos
porque Dios mismo nos convoca y conduce nuestros pasos hacia él. Estamos
aquí también porque queremos reafirmar nuestra fe en Cristo Jesús, el
Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Primera lectura: Is 56,1.6-7 (A los extranjeros los traeré a mi monte
santo)
La página inicial de la
tercera parte del libro del profeta Isaías ofrece una visión
profundamente universalista. Los extranjeros son invitados a formar
parte de la comunidad del pueblo de Dios. Presten mucha atención a este
texto que vamos a escuchar porque expresa qué es lo que Dios espera del
hombre que tiene que estar al frente de su pueblo.
Segunda lectura: Romanos 11,13-15.29-32 (Dones y llamada irrevocables de
Dios)
San Pablo, en su carta a
los romanos, se dirige a los cristianos de origen pagano y se presenta a
sí mismo como apóstol de los paganos, pero precisamente para decirle que
no se desentiende de la tarea misionera entre los judíos y desea
ardientemente que éstos acepten el Evangelio de Jesús.
Tercera lectura: Mateo 15,21-28. (Mujer, ¡qué grande es tu fe!
¿Cuáles son las condiciones
para pertenecer al nuevo pueblo de Dios? Tal pertenencia, viene a
decirnos san Mateo en el pasaje evangélico de hoy, no se basa en la
sangre o la raza, la nación o la cultura, el sexo o la situación social,
sino que la única condición requerida y que no resulta discriminatoria,
es la fe en Cristo Redentor, Hijo de Dios.
Oración universal
A cada petición
contestaremos: “Señor, concédenos lo que con fe te pedimos”
1. Para que siempre estemos
abiertos a realizar acciones de solidaridad sin hacer diferencias de
personas. Oremos...
2. Para que sepamos
mostrarnos compasivos y misericordiosos con todas aquellas personas que
sufren enfermedad o pobreza. Oremos...
3. Por todas las personas
que están comprometidas con la misión evangelizadora para que sepan
comprometerse con la causa de la justicia y velar por los derechos de
los demás. Oremos...
4. Para que de nuestros
jóvenes surjan las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal que
necesitan la Iglesia y el mundo de hoy. Oremos...
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 168)
En verdad mereces toda
alabanza, Dios de todos los pueblos,
porque tu amor al hombre no
tiene fronteras de raza y color,
pueblo y lengua, cultura y
sexo, clase social y nacionalidad.
Cristo Jesús abrió las
puertas de tu reino a unos otros,
y en la mesa eucarística de
su cuerpo parte el pan para todos.
Ayúdanos, Señor, a hacer
nosotros lo mismo para que
tu Iglesia aparezca como
sacramento de unidad y salvación.
Haz, Señor, que nuestra
comunidad se mantenga fiel
A la tarea de repartir tu
pan a todos los pobres del mundo.
Y enséñanos a unir en
nuestra vida de fe adulta y oración madura,
en diálogo fecundo de amor
al servicio de tu reino.
Amén