Monición de entrada:
Buenas
noches, días, tardes:
El
mensaje de la Liturgia de la Palabra de este domingo nos viene a
plantear serios interrogantes: ¿a qué categoría de creyentes
pertenecemos? ¿Somos la casa edificada sobre roca o sobre arena? A lo
mejor, dada nuestra debilidad y ambigüedad, pertenecemos a ambas
situaciones: somos fuertes en tiempo de bonanza y débiles en tiempo de
prueba. Por eso la invitación es a revisar nuestros cimientos, más aún
en tiempos de crisis.
Hermano, te invito a meditar y a orar en la Palabra de Dios para
asimilar cuál es su voluntad. Participar en la Eucaristía no es una
simple devoción y, menos aún frío cumplimiento de una obligación
impuesta, sino que debe ser una expresión importante de nuestra fe
personal y comunitaria.
Primera lectura: Deuteronomio 11, 18.26.28 (Miren les ponga delante
maldición y bendición)
El
libro del Deuteronomio nos presenta a Moisés hablándole al pueblo y le
presenta los dos caminos. La bendición o la maldición”,
subrayando los dos viejos caminos por los que el hombre podía caminar.
La bendición y la maldición, dependiendo, si escuchan o no, los
preceptos del Señor. Escuchemos.
Segunda lectura: Romanos 3, 21-25.28 (El hombre es justificado por la
fe)
En su
carta a los romanos san Pablo nos dice “la justicia de Dios se ha
manifestado independiente de la ley”. Esta justicia de Dios no es
más que su bondad, su misericordia, su amor, su clemencia y perdón y sus
ansias de comunión con el ser humano y esto nos llega por la fe en
Cristo Jesús y esta justicia se nos ofrece a todos sin distinción
alguna. Presten atención al consejo de san Pablo.
Tercera lectura: San Mateo 7, 21-27 (La casa edificada sobre roca o
sobre arena)
Escucharemos ahora el mensaje de Jesús, narrado por san Mateo, el Señor
nos propone un camino. Camino que no es camino. Es un paso, el cual es
obligatorio. O pasamos o nos quedamos. Nos toca a nosotros pasar a Él
y dejarle a Él pasar a nosotros. Es vivir en Él, porque Él ha puesto su
tienda entre nosotros. La tarea es pasar de mi “yo”, a su “Yo”. En
otras palabras es aceptar su plan de salvación.
Para la oración universal
Por la
humanidad, para que en todas sus religiones encuentren en la práctica
del amor el camino que nos llevará al encuentro con el verdadero Dios,
roguemos…
Por todos nosotros para que,
nuestra práctica respalde nuestras palabras, nuestro hacer a nuestro
decir, roguemos…
Por un aumento en las
vocaciones en la vida religiosa y sacerdotal, especialmente para nuestra
diócesis y nuestras comunidades religiosas, roguemos…
Por esta comunidad, para que
esta Eucaristía venga respaldada por nuestro compromiso en la práctica
de cada día, y nos dé fuerza para vivir la semana en plena entrega a la
práctica del amor, roguemos…
Exhortación Final
(Tomado de B. Caballero: La
Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 135)
Hoy te bendecimos, Señor,
porque tu palabra es vida.
¡Bienaventurado el que la
escucha y la cumple fielmente!
Será casa que, edificada
sobre la roca, aguanta el vendaval,
Y árbol junto a la acequia,
cuyas hojas nunca se marchitan.
Porque tu ley, Señor, es
perfecta y es descanso del alma;
Tus mandatos son rectos y
alegran nuestro caminar por tus sendas;
Tus normas son lámpara
radiante que da luz a lo ojos del ciego:
Tus mandamientos son
enteramente justos y razonables, Señor,
Son más preciosos que el
oro, más dulce que la miel de un panal.
Por eso tu ley es mi
herencia, la alegría de mi vida.
Inclina mi corazón a
cumplir tu ley siempre y cabalmente.
Amén.