Monición de entrada:
Como comunidad de
hermanos, comprometidos con el Proyecto de Dios, nos reunimos para
celebrar nuestra fe. Estamos conscientes que somos llamados a ser una
luz en medio de la oscuridad del mundo en que vivimos. Para no dejarnos
contaminar con la forma de vivir de aquellos que son defensores del
proyecto del mal, basado en la injusticia y en la opresión de los
débiles, necesitamos la fuerza del Espíritu de Dios. Por eso escuchamos
la Palabra que nos fortalece y nos alimentamos en la mesa de la
fraternidad, donde tienen lugar todos aquellos que se esfuerzan cada día
por ser testigos creíbles del Dios salvador y liberador.
Primera Lectura
Is 8,23-9.3 (En la
Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz)
El texto que leemos a
continuación forma parte de un poema que hace referencia probablemente a
la campaña militar desarrollada por el rey de Asiria contra Palestina en
el año 732 antes de Cristo, cuando deportó un primer grupo de judíos.
Estos eran los pobladores del territorio de las tribus de Zabulón y
Neptalí, lo que luego pasaría a ser Galilea, la región de Jesús. Isaías
anuncia un “día de Yavé” que traerá la liberación a los deportados.
Segunda Lectura
1 Cor. 1,10-13.17
(Pónganse de acuerdo y no anden divididos)
Escribiendo a la comunidad de Corinto, Pablo les invita a mantener la
unidad en medio de la comunidad cristiana. La comunión de los hermanos
sólo será posible si se pone a Jesús en el centro de la vida
comunitaria. Ningún predicador o animador comunitario debe ser puesto en
el lugar de Jesús, el Maestro, el Hermano.
Tercera Lectura
Mt. 4,12-23 (Jesús en
Galilea. Predicación y primeras vocaciones)
Desde la tierra de
Galilea, lugar marginado por muchos judíos se anuncia una luz para todo
el pueblo. Desde allí se proclama el mensaje central de Jesús: el
Proyecto alternativo del pueblo del Dios Salvador y Liberador (Reino de
Dios) que exige un cambio radical de vida. Esa empresa necesita de
hombres y mujeres que se comprometan con su realización. Por eso Jesús
llama a quienes quiere para que le sigan.
Para la oración Universal
A cada invocación, ustedes, responderán: “Padre, escucha nuestra
súplica”
·
Por toda
la Iglesia de Jesús, para que crezca la unidad entre todos sus miembros
y comunidades, roguemos al Señor.
·
Por
las personas que se sienten en tinieblas, sin sentido, sin esperanza…
para que encuentren la luz de Jesús en la vida y en la práctica del amor
y de la justicia de los cristianos que les rodean… roguemos al Señor.
·
Para que
redescubramos con ojos nuevos y corazón nuevo lo que significa hoy la
buena noticia del Evangelio en este mundo globalizado, cansado y
posmoderno, roguemos al Señor.
·
Para que
nosotros, como Jesús, no despreciemos a nadie, y hagamos opción
preferencial por los marginados y desatendidos, roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 117)
Padre nuestro
del cielo, hoy nuestra plegaria
se centra en
el deseo de Cristo al pedirte ardientemente
la unidad
total de cuantos por el ancho mundo creemos en ti.
Solamente tú
puedes lograr lo que parece imposible:
que los
hermanos esperados nos unamos en una sola Iglesia,
formando un
solo rebaño bajo la guía de un solo pastor.
Todos hemos
sido bautizados en un mismo Espíritu
para
constituir un solo cuerpo, el cuerpo eclesial de Cristo.
Ayúdanos a
mantener la unidad de la fe con el vínculo de la paz,
porque una
sola es la meta de la esperanza de la vocación
a la que tú
nos llamas en Jesucristo nuestro Señor.
Amén.