Monición de entrada:
Muy buenos (noches, días,
tardes). Ya hemos pasado la mitad de
la cuaresma. ¿Qué frutos hemos sacado de ella? ¡Tenemos tiempo
todavía! Como bautizados, podemos ver la luz que viene de Dios, pasando
la ceguera que nos nubla, y nos hace ir de tropiezo en tropiezo.
Busquemos la luz que da sentido a nuestras vidas y no sigamos caminando
como ciegos de nacimiento. La conversión, sólo se logra, si uno
reconoce que no ve o que la visión está equivocada. Aprovechemos para
meditar las lecturas de hoy que nos invitan a buscar una visión nueva,
una luz nueva, que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo, el Señor.
De pie por favor, para recibir al ministro de esta Eucaristía.
Primera lectura
I Sam 16,
1b.6-7.10-13 (Samuel unge a David como rey)
El
relato de la unción de David, como Rey de Israel, nos recuerda que
Jesús, siendo Hijo de Dios, también es hijo de David. Pero David, es
escogido por Dios mismo. El envía al profeta Samuel para que lo unja
con aceite y así sea reconocido por el pueblo; no a su persona como tal,
sino al Espíritu de Dios que ha de manifestarse en el rey David.
Escuchemos.
Segunda lectura Ef
5, 8-14 (Caminen como hijos de la luz)
En esta segunda lectura, San
Pablo, en su carta a los efesios, nos invita a estar despiertos, para
vivir como hijos de la luz, dándonos las herramientas para lograrlo.
Meditemos profundamente en la voz de Jesús que nos dice “Yo soy la luz
del mundo, el que me sigue tendrá luz y vida”. Oigamos.
Tercera lectura Jn.
9,1-41 (El ciego de nacimiento)
Para
meditar profundamente este Evangelio, debemos observar las reacciones de
la gente frente al milagro de sanar a un ciego de nacimiento. ¡Qué
prontos somos para juzgar y condenar!: “¿Quién pecó?”. Jesús se
manifiesta y se proclama como Hijo de Dios al devolverle la vista a este
ciego de nacimiento, y todo, “para la gloria de Dios”. De pie, por
favor, para escuchar atentamente el Santo Evangelio.
Oración Universal:
Monitor:
Favor respondan a cada
petición: “Cristo, luz de las naciones, ilumina nuestras vidas”
Por
el papa, los obispos, y toda la Iglesia: para que siga fiel a su
misión de madre y maestra, orando constantemente, especialmente en esta
cuaresma. Roguemos al Señor.
Por
todos los pueblos de América Latina y el Caribe: para que el Señor
ilumine la tarea evangelizadora de la Iglesia y fecunde su misión.
Roguemos al Señor.
Por
los gobernantes de nuestros pueblos y naciones: para que caminen como
hijos de la luz, busquen la verdad y el bien común, comprometiéndose en
conseguir la justicia. Roguemos al Señor.
Por
los jóvenes, esperanza del mundo actual: para que descubran a Jesucristo
y siguiéndolo transformen nuestra sociedad. Roguemos al Señor.
Por
todos los enfermos de nuestra comunidad, por los minusválidos, los que
carecen del pan de cada día, las mujeres y los niños maltratados: para
que podamos ver en ellos la imagen de Cristo. Roguemos al Señor.
Por
un aumento en las vocaciones en la Vida Religiosa y Sacerdotal, en toda
la Iglesia en particular, para nuestra congregación redentorista.
Roguemos al Señor.
Por
nosotros aquí presente, celebrando el banquete de la Palabra y la
Eucaristía: para que sepamos descubrir que Jesús está con nosotros y nos
llama a vivir su amor en plenitud. Roguemos al Señor.
Exhortación Final
(Tomado de B.
Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 65)
Hoy te
bendecimos, Padre, por la luz de nuestro bautismo,
esa luz de la
fe en Cristo que iluminó toda nuestra vida.
No permitas
que volvamos a ser ciegos que creen ver,
pero no
distinguen los colores de tu presencia en el mundo.
Quitas,
Señor, las escamas de nuestros ojos en tinieblas.
Ayúdanos a
dar el paso definitivo de la incredulidad a la fe,
de nuestra
ceguera congénita a la iluminación de Cristo,
de nuestro
egoísmo tenebroso a la luz esplendorosa del amor.
Queremos
caminar como hijos de la luz, estrenar ojos nuevos,
ver a los
demás como hijos tuyos y hermanos nuestros,
y aparecer
ante ellos rebosando bondad, justicia y verdad.
Amén.