PRIMERA
LECTURA
“No era
posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio”.
Lectura de
los Hechos de los Apóstoles. 2, 14. 22-28
El día de
Pentecostés, se presentó Pedro con los Once, levantó la voz y dirigió la
palabra: Escúchenme, israelitas: Les hablo de Jesús Nazareno, el hombre
que Dios acreditó ante ustedes realizando por su medio los milagros,
signos y prodigios que conocen. Conforme al plan previsto y sancionado
por Dios, se lo entregaron, y ustedes, por mano de paganos, lo mataron
en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte;
no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David
dice:
Tengo
siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se
me alegra el corazón, exulta mi lengua y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la
corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo
en tu presencia.
Palabra de
Dios.
Salmo
responsorial Sal 15, 1-2ª y 5. 7-8. 9-10. 11
R,/ Señor,
me enseñarás el sendero le la vida.
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al
Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor
es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte
está en tu mano.
R./
Bendeciré
al Señor que me aconseja;
hasta de
noche me instruye internamente.
Tengo
siempre presente al Señor,
con él a
mi derecha no vacilaré.
R./
Por eso se
me alegra el corazón,
se gozan
mis entrañas,
y mi carne
descansa serena:
porque no
me entregarás a la muerte
ni dejarás
a tu fiel conocer la corrupción.
R./
Me
enseñarás el sendero de la vida,
me
saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría
perpetua a tu derecha.
R./
SEGUNDA
LECTURA
“Han sido
redimidos con la sangre de Cristo, el cordero sin defecto”.
Lectura de
la primera carta del apóstol San Pedro. 1, 17-21
Queridos
hermanos: Si llaman Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin
parcialidad, tomen en serio su proceder en esta vida. Ya saben con que
los rescataron de ese proceder inútil recibido de sus padres: no con
bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo,
el cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del
mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.
Por Cristo
ustedes creen en Dios, que lo resucito y le dio gloria, y así han puesto
en Dios su fe y su esperanza.
Palabra de
Dios.
ALELUYA
Lc 24, 32
Aleluya,
aleluya. Señor Jesús, explícanos las Escrituras. Enciende nuestro
corazón mientras nos hablas. Aleluya.
EVANGELIO
“Le
reconocieron al partir el pan”.
Lectura
del santo Evangelio según San Lucas. 24, 13-35
Dos
discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la
semana, a una aldea llamada Emaús distante unas dos leguas de Jerusalén;
iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y
discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.
Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo El les dijo: -¿Qué
conversación es esa que traen mientras van de camino?
Ellos se
detuvieron preocupados. Y uno de ellos que se llamaba Cleofás, le
replicó: -¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que
ha pasado allí estos días?
El les
preguntó: -¿Qué?
Ellos le
contestaron: -Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras
y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos
sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo
crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuese el futuro liberador de
Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas
mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana
al sepulcro, y no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que
habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba
vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo
encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron.
Entonces
Jesús les dijo: -¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron
los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar
en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas les
explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca
de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le
apremiaron diciendo: -Quédate con nosotros porque atardece y el día va
de caída.
Y entró
para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan,
pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron
los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: ¿No
ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba
las Escrituras?
Y
levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron
reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era
verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos
contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían
reconocido al partir el pan.
Palabra del
Señor..