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Misioneros Redentoristas
de la Provincia de San Juan |
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XXX Semana del Tiempo Ordinario -
Ciclo B
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Domingo,
29
de octubre de 2006 |
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Santoral
Lecturas de la
liturgia
- Primera
Lectura: Jeremías 31, 7-9
"Vienen a mí llorando, pero yo los consolaré y los
guiaré"
Esto dice el Señor:
«Griten de alegría por Jacob, regocíjence por el mejor
de los pueblos; proclamen, alaben y digan: “El Señor
ha salvado a su pueblo, al resto de Israel”.
He aquí que yo los traeré del país del norte, los
congregaré desde los confines de la tierra.
Entre ellos hay ciegos y cojos, mujeres embarazadas y
a punto de dar a luz; retorna una gran multitud.
Regresan entre llantos de alegría, agradecidos porque
retornan; los llevaré a torrentes de agua por un
camino llano en el que no tropezarán. Porque soy un
padre para Israel, y Efraín es mi primogénito».
- Salmo
Responsorial: 125
"Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor."
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía un sueño: la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Los paganos decían: «El Señor ha hecho grandes cosas
por ellos».
El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y
estamos alegres.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
¡Cambia, Señor, nuestra suerte,
como cambian los torrentes del Negueb!
Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre canciones.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Aunque iban llorando cuando llevaban la semilla,
regresan contentos, trayendo la cosecha.
Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
- Segunda
Lectura: Hebreos 5, 1-6
"Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec"
Hermanos: Todo sumo sacerdote es tomado de entre los
hombres y constituido para intervenir en favor de
ellos ante Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios
por los pecados. El puede comprender a los ignorantes
y extraviados, ya que él también está lleno de
debilidades. Por eso, así como debe ofrecer
sacrificios por los pecados propios, debe ofrecerlos
también por los del pueblo.
Nadie puede apropiarse ese honor, sino aquél que es
llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera,
Cristo no se apropió la dignidad de sumo sacerdote,
sino que se la confirió Dios, quien le dijo: Tú eres
mi Hijo, yo te he engendrado hoy; o como dice otro
pasaje de la Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como
Melquisedec.
- Evangelio:
Marcos 10, 46-52
"Maestro, que pueda ver"
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía
de sus discípulos y de mucha gente, un ciego llamado
Bartimeo, el hijo de Timeo, se hallaba sentado al
borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era
Jesús Nazareno quien pasaba, comenzó a gritar:
«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»
Muchos lo reprendían para que se callara. Pero él
gritaba más fuerte:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y dijo:
«Llámenlo».
Y llamaron al ciego diciéndole:
«Animo, levántate, que te llama».
El ciego tiró su manto, dio un salto y se acercó a
Jesús. Entonces le dijo Jesús:
«¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó:
«Maestro, que pueda ver».
Jesús le dijo:
«Vete, tu fe te ha curado».
Y al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por
el camino.
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