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San
Alfonso |
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Ruega
por nosotros, para que surjan las vocaciones que necesitan
la Iglesia y el mundo de hoy
Nuestra
Historia |
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La
Congregación del Santísimo Redentor
fue la respuesta que san
Alfonso
dio a
Jesús
ante la llamada de los pobres. En 1730, Alfonso se encontraba
agotado a causa del duro trabajo de las misiones. Los médicos le
ordenaron tomar un período de descanso y que fuera allí donde
pudiera respirar el aire puro de la montaña. Con algunos de sus
compañeros se fue a
Scala, en la costa
amalfitana del sur de Nápoles. Allá, en la montaña, se
encontraba el santuario de Santa Maria de los Montes, un lugar
perfecto para descansar, un lugar perfecto para la
contemplación, cerca de la
Madre de Dios: alturas
montañosas, belleza y, abajo, el mar.
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Alfonso
heredó del padre un profundo sentido del deber y un riguroso espíritu de
jerarquía y eficiencia.
Aunque era un buen hombre, parece que el capitán D. José no participaba
de la piedad externa de la esposa ni su ascetismo y mortificación, que
encuadraban, hasta cierto punto, en la categoría, que Pourrat
(1871-1957) en su obra sobre la vida espiritual, llamó “el sentido
italiano de arrobo y dulzura”.
Sabemos que doña Ana Cavalieri era dada a la práctica de la penitencia
de las disciplinas. Podemos creer que tales costumbres no era moda entre
las damas nobles de la época.
La madre de
Alfonso
era mujer que poseía espíritu de oración y de austeridad, lo que no
impedía, muchas veces, revelarse la existencia en lo íntimo de su
corazón tierno de la típica “mamma” italiana. Desempeñaba el papel de
mediadora entre la severidad del marido y los hijos, especialmente entre
el capitán y Alfonso. Parece haber poseído la mayor influencia sobre la
juventud de éste, por muchos sutiles caminos. Parece haberse unido en la
vida de
Alfonso, estas tres características; el espíritu de disciplina de
Don José, el austero ascetismo y la ternura de Doña Ana.
Podemos afirmar que de su ascendencia napolitana heredó
Alfonso
la aguda sensibilidad y el fuerte temperamento emotivo que se notan en
casi todo lo que dijo e hizo. Recordemos, por ejemplo, la violenta
depresión por la que pasó cuando vio perdida la causa que defendía en
los tribunales. Después de eso, permaneció encerrado por tres días en su
habitación, sin comer ni beber. Recordemos también la escena
terriblemente emocional que tuvo con su padre respecto de la vocación
sacerdotal.
.
De la experiencia vivida como abogado, Alfonso conservó la tendencia a
un realismo pragmático. Desarrolló una inteligencia orientada más al
raciocinio de orden práctico que a cuestiones especulativas y
abstractas. Esto aparece en sus obras; por ejemplo, en la
Teología Moral, en la
redacción de las reglas de la CSsR.
Lo mismo puede decirse con referencia a las negociaciones establecidas
con los representantes del Rey o del Papa.
Alfonso
era hombre de temperamento y gusto artístico. Fue poeta consumado, fue
músico, arquitecto y más, durante toda su vida reveló gran amor a la
naturaleza. De paso, podemos observar lo que se dijo referente a su
talento musical que si no hubiera escogido ser sacerdote y misionero,
hubiera sido un compositor del estilo de Puccini con el que
frecuentemente fue comparado, por la ternura y suavidad de la línea
melódica de sus canciones.
Finalmente, fue siempre un amante de los libros, no solo como gran
lector sino también como autor de innumerables obras de ascética y de
teología dogmática y moral. Publicó 111 obras. Algunas constituyen
simples opúsculos, otras representan elaboraciones de gran teólogo, como
veremos.
Después de la muerte se publicaron 35 obras más, editadas, en buena
parte, antologías de su enorme correspondencia distribuida según los
temas. En 1933, todavía quedaban ocho obras inéditas.
Su prestigio de escritor era tan grande que se conocen doce obras
editadas en varias lenguas cuya autoría fue atribuida a
San
Alfonso, con la evidente intención de promover una rápida venta.
Pasemos ahora a las fuentes de su formación espiritual. Además de las
Sagradas Escrituras, sus autores favoritos en el campo de la
espiritualidad eran:
- Los Padres de la Iglesia
- Santa Teresa de Ávila (1515-1582)
- San Francisco de Sales (1.567- 16229
- Fray Luis de Granada (c. 1504- 1588)
- Padre Alfonso Rodríguez S.J. (1538-1.616)
- Padre Juan Bautista de Saint Jure S:J. (1588-1657)
- El “devoto” Nieremberg S:J: (1595-1658),
- Padre Juan Bautista Scaramelli S.J. (1687-1752)
- Juan de Gerson (13363-1429)
- Tomás de Kempis ( 13380-1471)
Basta ver esta lista para observar que casi todas las grandes “escuelas”
de espiritualidad tomaron parte en la formación de
Alfonso.
Como en todo lo demás, también en este terreno fue un ecléctico de
mucha creatividad. Supo aprovechar lo mejor que encontró en cada autor,
para después componer su propia síntesis, de acuerdo con las
peculiaridades personales de temperamento, carácter, objetivos
espirituales, etc.
Examinemos los aspectos principales de las cuatro escuelas de
espiritualidad que nos parecen haber influido más en la formación
espiritual de
Alfonso.
Evaluamos tal influencia por la medida en que dio especial importancia
a estos elementos, viendo en ellos instrumentos apropiados para alcanzar
la meta de abrirse a la voz del Espíritu de Dios.
-
Influencia de Santa Teresa de Ávila (1515-1582) y de la Escuela
Carmelitana
-
Influencia de San Ignacio de Loyola (c. 1491-1556)
-
Influencia de San Francisco de Sales (1567-1622)
-
Influencia del “Oratorio de San Felipe Neri (1515-1595)
-
Influencia del
Padre Tomás Falcoia (1663-1743)
-
Influencia de la Hermana María Celeste Crostarosa (1696-1755)
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