Queridos cohermanos:
A ustedes, gracia y paz de parte
de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo por quien recibimos la gracia y
el apostolado (Rm 1, 5).
El Consejo General desea invitar a
todos los miembros de la congregación
a unirse en un año de intensa reflexión sobre la vida apostólica de los
Redentoristas. La Constitución 1 nos recuerda que esta vida comprende a la
vez la vida de especial consagración a Dios y la actividad misionera de los
Redentoristas. Nuestra invitación es a que los Redentoristas hagan un
esfuerzo particular por profundizar el primer elemento de esa fórmula esencial;
es decir, la vida de especial consagración a Dios, que comienza con
nuestra profesión religiosa, que es el acto definitivo de toda la vida
misionera de los redentoristas (Constitución 54).
Hemos pensado que es muy apropiado
comenzar dicho año de reflexión el 9 de noviembre de 2007, 275º aniversario de
la fundación de la congregación.
Ese día daremos gracias a Dios por el don de nuestro carisma a la Iglesia y al
mundo. Recordaremos también que Alfonso reconoció que la inspiración divina de
anunciar el evangelio a los pobres abandonados debía ponerse en práctica por
medio de una comunidad cuyos miembros fueran fortalecidos por los votos de
pobreza, castidad y obediencia, y también por el voto y juramento de
perseverancia. En ese año, la celebración de nuestra fundación marcará el inicio
de un período de intensa reflexión sobre la especial consagración de nuestra
vida apostólica.
¿Por qué el Consejo General hace
esta propuesta a la Congregación? El XXIII Capítulo General hizo una llamada a
todos los Redentoristas a fin de “examinar nuevamente la consecuencia del ‘acto
definitivo de toda nuestra Vida Apostólica como Redentoristas’; es decir,
nuestra profesión religiosa” (mensaje,
4). El Capítulo General pidió también a la Congregación “Reiterar, en
continuidad con el XXII Capítulo General, la necesidad de que ‘renovemos nuestra
vivencia de los consejos evangélicos a la luz de nuestra comunidad y misión’, de
acuerdo con nuestras Constituciones y Estatutos” (Orientaciones, 9,1). Es
evidente que los sucesivos Capítulos Generales han venido pidiendo a la
Congregación llevar a cabo una profunda reflexión sobre el sentido de nuestros
votos y el necesario testimonio de nuestras vidas.
Además, una conciencia más
profunda es absolutamente necesaria para que la reestructuración de nuestra
Congregación se lleve a cabo con éxito. Durante las seis reuniones regionales
del año pasado, los Superiores Mayores expresaron su amplia aprobación a los
principios propuestos por la Comisión para la Reestructuración que guía el
proceso. Como es sabido, el segundo de estos principios es muy tajante cuando
establece una renovada estima por nuestra identidad como tarea esencial para la
reestructuración: “La reestructuración en vistas a la misión debe inspirar y
estimular un nuevo despertar de nuestra identidad, una conversión de nuestra
mentalidad en sintonía con nuestra vocación y con una nueva disponibilidad o –
de lo contrario – no llegará a ninguna parte” (Trabajo en progreso
[2006], p. 5).
Finalmente, dicho año de reflexión
se incorporará a un movimiento más amplio en el seno de la Iglesia que trata de
entender la forma como los religiosos deben vivir hoy su consagración.
la
congregación para los
institutos de Vida Consagrada y
Sociedades de Vida Apostólica lanzó la
pregunta: “¿Qué puesto se reservará a las formas tradicionales
de la vida consagrada [en el tercer milenio]?” (CIVCSA, Comenzar de nuevo a
partir de Cristo: un Compromiso Renovado para la Vida Consagrada en el Tercer
Milenio [14 de junio de 2002] 12). En un momento excepcional de unidad, los
Superiores Generales de los Institutos Religiosos Masculinos y Femeninos
tuvieron un encuentro en 2004 en el que reflexionaron sobre la realidad presente
y futura de la vida religiosa como “Pasión por Cristo, Pasión por la Humanidad”.
La reflexión iniciada en aquel encuentro continúa hoy en la mayoría de las
familias religiosas por todo el mundo. La experiencia de las visitas del Consejo
General a las (Vice)Provincias nos convence de que también nuestra Congregación
debe unirse a este movimiento de forma organizada. Finalmente, dicho año de
reflexión debe servir de valiosa preparación para el XXIV Capítulo General de
2009, ayudándonos a comprender mejor lo que somos y lo que debemos hacer para
ser fieles a nuestra vocación. El Consejo General y la Comisión Preparatoria
recibirán con gusto las propuestas concretas de las (Vice)Provincias que serán
fruto de ese año especial.
En el transcurso de este año, el Gobierno General ofrecerá a las
(Vice)Provincias medios para ayudar a esta reflexión, inclusive una
Communicanda, y también textos del Secretariado General de Espiritualidad
Redentorista así como de la Oficina de Comunicaciones. A estas alturas, su
unidad debe haber recibido ya el tercer folleto de la serie Carisma 2000:
Carisma 3: La Comunidad Apostólica Consagrada a Cristo Redentor, que las
comunidades locales pueden usar para hacer una reflexión sistematizada sobre los
temas del tercer capítulo de nuestras Constituciones y Estatutos.
El Gobierno General está haciendo de dicha reflexión una
prioridad en su programa de trabajo para este año; pero el éxito de la reflexión
dependerá de su planificación y ejecución a nivel regional y (Vice)Provincial.
Esperamos que los Superiores Mayores y sus consejos acojan esta invitación y
ayuden a las comunidades locales a estudiar el sentido de nuestra profesión
religiosa hoy. Entre las actividades sugeridas están: encuentros
interprovinciales o regionales sobre el sentido de la vida redentorista
consagrada, incluyendo la vocación de los Hermanos Redentoristas, días de
oración con otros religiosos, laicos y jóvenes, seminarios sobre el sentido de
nuestros votos en un determinado contexto cultural, retiros provinciales y días
de retiro mensual para analizar sucesivamente aspectos importantes de nuestra
consagración, especialmente la teología de nuestras Constituciones y Estatutos,
utilizando los medios de comunicación para profundizar en la estima por la vida
consagrada en la Iglesia y en el mundo.
¿Priorizar nuestra profesión religiosa sería dar de lado al tema
de este sexenio: Dar la Vida por la Abundante Redención? Absolutamente
no, pues el abundante amor de Dios derramado en Jesucristo es un punto de
partida necesario para cualquier consideración sobre nuestra respuesta. Con San
Pablo, queremos afirmar: “La vida que vivo al presente en la carne, la vivo en
la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20).
Solo la certeza de que somos infinitamente amados puede ayudarnos a superar toda
dificultad personal o institucional. El amor abundante de Dios nos impulsa al
esfuerzo por responder generosamente a través del don total de nosotros mismos
tal como se expresa en los votos de pobreza, castidad y obediencia.
Que este año ayude a la Congregación a vivir nuestra vocación en
una fidelidad creativa.
Fraternalmente,
Joseph W. Tobin,
C.Ss.R.
Superior General