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Desde
octubre del 2005 hasta mayo del 2006 Luís Adorno y este
servidor estuvimos preparando a un grupo de jóvenes para
salir de misión todo el mes de julio de este año hacia la
Republica Dominicana. Eran 10 jóvenes, 7 muchachos y 3
muchachas. 7 procedentes de las dos Parroquia de Guayama y 1
de Caguas, 1 Cayey y 1 de Manatí. El tiempo de formación de
dichos jóvenes estuvo ubicado entre octubre del 2005 hasta
mayo del 2006. Los reuníamos algunos fines de semanas y
algunos domingos en las tardes después de los retiros
vocacionales.
Dicha misión inició el 1ero de julio al 1ero de agosto, llevada a
cabo en las dos nuevas iniciativas de la provincia: La
Parroquia La Altagracia en Paraíso, Barahona y la Parroquia San
Francisco de Asís en el Factor de Nagua.
Fue excelente, tuvieron el privilegio de ponerse en contacto con
las dos realidades muy distintas y distantes, el suroeste y el
noreste de nuestro país.
Extraordinaria misión para ellos, ya que pudieron ponerse en
contacto con la realidad cruda que vive la gente de los campos en
nuestra nación: Comer como come la gente, caminar lo que camina la
gente, pasar calamidades como pasa la gente, pasar el calor que
pasa la gente; en otras palabras pudieron inculturarse en
la realidad sencilla, precaria de estas personas y en su cultura.
Además, de compartir la alegría de ellos como misioneros junto al
de los campesinos; no endurecieron sus corazones, palpar el dolor
de los enfermos junto al sufrimiento provocado por la crisis
económica y social que acarrea a este país.
Estos jóvenes misioneros tuvieron la gracia de ver el valor de las
gentes, que se vive sacrificando a diario para cubrir sus
necesidades básicas, la lucha por sobrevivir, el cansancio, frío y
dolor para conseguir lo mínimo. No obstante, ver claramente esos
valores innatos al ser humano que la sociedad consumista no los
puede percibir tan siquiera, porque el deseo de tener, la
competencia y el anhelo de poder olvidan o ignoran el valor de las
personas.
Esta experiencia de misión marcaron el esquema de vida de
estos jóvenes, ya que pudieron ver, leer, palpar el valor de
solidaridad y compartir entre ellos, que de lo poquito que tienen
lo comparten con los demás y lo hacen con alegría y desinterés,
porque ellos están muy claros (los pobres) que lo mas importante
es la vida, porque la vida ellos la entienden desde el compartir,
en valorar la persona por ser persona. NO en el individualismo que
va a favor del sistema materialista de la sociedad de consumo y
neoliberal. Que el más rico vale más que el más pobre y, que ya
los pobres ni cuentan para una sociedad como esta porque no tienen
acceso a entrar en ésta dinámica
consumerista y
artificial.
Por lo que, el pobre pasa a ser un excluido, es decir, que ya no
son tomados en cuenta ni siquiera para ser explotados, o sea, que
ya ni existen. Solamente existen los que tienen el potencial y las
facilidades para incluirse en el sistema capitalista, pero que
ahora este sistema viene disfrazado hoy día de otra manera, mas
maquiavélico en su máxima expresión que es el famoso sistema
neoliberal: donde las personas valen siempre y cuando puedan
producir y competir con los “mas grandes” sin tomar en cuenta a
las personas, sino solo que les interesa, alcanzar su objetivo
personal enriqueciéndose a como de lugar sin tomar en cuenta el
valor del ser humano.
Estos jóvenes misioneros quedaron admirados y teniendo una mirada
introspectiva entraban en la sujeción: ¿cómo estas personas pueden
estar alegres en medio de sus necesidades y precariedades? en
cambio, nosotros que aparentemente lo tenemos todo, estos nos
hacen saber que no tenemos nada, que somos como un árbol grande
lleno de hojas secas.
Los muchachos, caminaban bajo el sol visitando los hogares,
enfermos, compartiendo con diferentes familias y hospedándose en
casa de las gentes, además daban formación a esas comunidades como
por ejemplo: En Paraíso, formaron consejos comunitarios en las
comunidades de: Los Patos, Los Blancos y Paraíso Centro. En el
Factor de Nagua, animaron a los grupos de oración y a la
Pastoral Juvenil
en la comunidad la Altagracia y el Papayo.
Fue una misión fabulosa, las comunidades
quedaron satisfechas y contentas deseando que vuelvan de
nuevo para compartir con ellos como lo hizo Jesús y lo sigue
haciendo ahora a través de cada uno de nosotros, de estos
misioneros que dejaron su familia, posición económica,
estatus social, sus vacaciones y su tierra por un mes, para
compartir con personas pobres y sencillas, sin engaños y
apariencias, solamente lo que son como personas, sus
talentos y el Espíritu Santo infundido una vez por el
bautismo.
 En
verdad, que eso no tiene precio y aun más, nos tiene que
llenar de alegría y esperanza, ver como ellos pudieron dar
un sí en favor de los mas pobres y abandonados; porque
tuvieron la oportunidad de quedarse con sus familias e irse
hacia algún país fuera de Puerto Rico, de turismo interno,
de playa o a
surfear
cada vez que quisieran, o simplemente pasarla con sus
“amiguitas o amiguitos” Es decir, que tuvieron en absoluta
libertad de haber pasado este verano donde hubiesen querido
siempre y cuando las posibilidades se las permitieran.
Pero no, ellos optaron por dar un paso en favor de
la vida, optaron por dejar lo que aparentemente lo iba a
llenar placenteramente, por lo que realmente los llenó en su
interior plenamente. Esos jóvenes regresaron llenos alegría,
se les notaba en sus rostros, a pesar del cansancio producto de la
ardua tarea, pero que transmitían e irradiaban la alegría y
gozo de Espíritu Santo. Regresaron llenos de satisfacción
como si hubiesen descubierto el tesoro que tanto anhelaban,
en fin, se notaban felices con rostros súper alegres.
¡Ojala! que más jóvenes puedan dar ese paso, porque no todos los
pueden dar, solo los que se atreven a ser diferentes y a
arriesgarse, a ser diferentes, no del montón, sino diferentes,
marcando la diferencia dando pasos gigantesco a lo nuevo, no a lo
mismo que hace el común, que hace todo el mundo, sino a lo nuevo,
a lo exótico, a lo arriesgado a lo que nadie se atreve hacer, y a
lo que realmente es auténticamente joven. Y más aun, hacerlo con
Jesús y por él que le dio la vida y te la dio a ti también que
estas leyendo este mensaje frente al computador y la sigue dando
por ti y los tuyos a través de tantas personas que comparten
contigo.
Así que joven, atrévete a ser la diferencia, deja tus miedos
y seguridades, y dile sí a Jesús que verdaderamente es él tu amigo
fiel que no te traiciona y te regala el sentido que buscas en tus
actividades personales y grupales. Por
tanto, coragio
como decía Juan Pablo II, no tengas miedo, ven y únete a las
misiones que realizamos los
Misioneros Redentoristas, Tanto en verano
como la Semana Santa, como una nueva manera de hacer y ser la
diferencia ¡atrévete! |